Impulsa sabinense gastronomía regia

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Carlos Zapata Lozano es un claro ejemplo de “querer, es poder” y “nadie es profeta en su tierra”.

Monterrey y algunas partes de Nuevo León se distinguen por cobijar el “Sueño Mexicano” de muchos  migrantes nacionales, el sabinense se distingue por su gran impulso en la rama restaurantera.

Dueño de Míster Brown y de Tacos Charly, este joven originario de Sabinas, Coahuila, llegó a estudiar y al terminar su carrera, decidió quedarse allá, en una actividad ajena a su profesión.

Empezó siendo su empleado.

“Pero era empleado y era dueño, así que trabajaba en Míster Brown las 24 horas del día para sacar adelante este proyecto que hoy es una figura representativa en alimentos” dice.

Carlos, al igual que varios “migrantes nacionales” narran su odisea, todos ellos llegaron a Nuevo León con un sueño, algunos se quedaron en ese lugar.

En la comunidad Altamira viven no más de 300 personas de origen tének o huasteco, está en el municipio de San Antonio, San Luis Potosí.

Allá se corrió la voz de que en Monterrey las mujeres obtenían empleo sin necesidad de papelería ni ser mayores de edad.

“Decían que eran actividades que ya conocíamos porque en la comunidad nos enseñan desde chiquitas a trabajar en casa, a hacer la comida, a limpiar, a atender más que nada a los varones”, cuenta Julieta, hoy de 29 años.

El trabajo era como empleadas domésticas.

Julieta Martínez es tének. En el 2003, a los 15 años, emigró y consiguió empleo en una casa de la Colonia del Valle, en San Pedro.

“Fue una experiencia muy difícil en todos los aspectos.

La comunicación, el no dominar al 100 por ciento el español era complicado; nos daban órdenes en la casa que no lograba entender”, recuerda.

“Dominar las tareas domésticas con cosas que yo jamás en mi vida había visto, como lavadoras, estufa”.

La antropóloga Séverine Durin, especialista en migración indígena, enfatiza que las empleadas domésticas contribuyen al desarrollo económico y social del Estado al generar bienestar en los hogares.

“Por supuesto que contribuyen a nuestro bienestar, ¿quién finalmente no necesita irse al trabajo bien desayunado, comido, con la ropa bien planchada?”, sostiene.

“Es una aportación muchas veces invisibilizada”.

Julieta estudió la preparatoria gracias al apoyo de su empleadora.

Luego de 11 años dejó el trabajo doméstico al terminar su licenciatura. Ahora tiene una maestría en educación con acentuación en psicología y es presidenta de Zihuakali Casa de las Mujeres Indígenas.

Raymundo Galán, director de la Facultad de Economía de la UANL, explica que el fenómeno de la migración de centroamericanos a Monterrey es el más nuevo y va en aumento.

“(Los centroamericanos) vieron que había fuentes de trabajo, y a veces nos quejamos nosotros de que no hay trabajo, no hay empleo”, indica. “Y sí hay, lo que pasa es que por la cualificación que tienen algunos habitantes, pues aspiran a sueldos mayores”.

Altagracia Chávez es de Santo Domingo, República Dominicana. Tras estudiar su especialidad en gastroenterología, en Guadalajara, eligió a Monterrey para vivir hace 34 años.

“Un día que íbamos de vacaciones a la frontera pasamos a las cinco de la mañana y me dio mucha curiosidad de que a las cinco de la mañana los camiones todos estaban llenos de personas que subían y bajaban con una actividad que parecían las ocho o nueve de la mañana”, expresa.

“Y dije ‘me gustaría quedarme en esta Ciudad'”.

Nuevo León es una tierra de migrantes de todos los estratos socioeconómicos.

Durante el 2017 hubo 25 mil 682 estudiantes foráneos entre el Tec de Monterrey, la UDEM y la UANL que adoptaron el área metropolitana como su segundo hogar.

“Es una cuestión muy cultural. En el pueblo lo que se da mucho es que desde chiquito te inculcan que tienes que salirte”, señala Carlos Zapata, de 35 años, originario de Sabinas, Coahuila, y egresado de Relaciones Internacionales de la UANL.

Carlos es uno de los miles de profesionistas que al terminar su carrera se han quedado a vivir en el estado.

En el 2012 abrió su primer restaurante Mr. Brown.

Ahora tiene cinco en el área metropolitana.

“El día solamente tiene 24 horas, pero ya uno como independiente o como patrón, pues se quita el tapujo de las ocho horas laborales.

Aquí en Monterrey no existe ese confort actualmente de poderte dar ese lujo”, afirma.

Todos ellos son migrantes.

Cada persona que llega a trabajar o a estudiar es parte del desarrollo de Monterrey. Hacen a Nuevo León el Estado que es actualmente: un lugar donde es posible cumplir el sueño mexicano.